viernes, 30 de julio de 2010

La Gran Pulpería

Si estoy contento de haber venido a vivir a Caracas es, entre otras cosas, por haber conocido La Gran Pulpería. No, no es una taberna, ni una lunchería ni un sitio de tapas, ni siquiera un sitio en el que vendan pulpo. Es una increíble librería de lance, de libros viejos. Ni las que pueda haber visto en Madrid, Barcelona, París, Londres, Ámsterdam, Copenhague, Buenos Aires, San Francisco, Nueva York o cualquier otro sitio que haya podido visitar, se le puede comparar a ésta. Definitivamente, La Gran Pulpería del Libro Venezolano es el sitio más espectacular que haya visto jamás.

Es un lugar mágico, abrumador, inacabable. Situada en una callejuela trasera de la zona de Sabana Grande y abierta desde 1984, la entrada de la librería no tiene nada de particular, pero a medida que bajas las escaleruchas que llevan al fondo todo va cobrando otra dimensión: los pasillos se multiplican, las estanterías rebosan, los libros se acumulan, el polvo se remansa. Hay incluso una zona que parece el Rastro de Madrid o el San Telmo de Buenos Aires, con un montón de cachivaches de lo más rocambolesco, desde botellas de sifón a muñecas de los años veinte o teléfonos de mesa de los que ya sólo se ven en las películas antiguas, pasando por monedas, afiches, figuras de cerámica, porcelanas, cajas de música, etc.

La cantidad de libros es inabarcable, colosal, y hay de todo: primeras ediciones, ediciones raras, libros descatalogados, libros que hace poco eran novedades y que ya cabalgan por las estanterías como libros viejos, libros intonsos, libros mal encuadernados, libros inexistentes… Lo que quieras. Ahí, por ejemplo, he conseguido la primera traducción que se hizo al español de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, a cargo de Pedro Salinas y José María Quiroga Pla y completada por el traductor Marcelo Mesnaché, tan sólo veintidós años después de que se publicara en Francia. Ésta que os digo está impresa en Buenos Aires por Santiago Rueda en 1944 y sólo se imprimó hasta el quinto volumen, La Prisionera. Estoy pletórico porque, según me confirmó mi amiga Marián, en la Biblioteca Nacional de Madrid la edición más antigua que poseen es la de 1952, impresa en Barcelona por José Janés. Luego vinieron las de Consuelo Bergés para Alianza en los años 60 y la de Mauro Armiño recientemente para Valdemar. Pero eso son otras batallas que no vienen al caso.

Lo bueno de La Gran Pulpería es que además los precios, en general, son asequibles, así que ahí paso mucho tiempo buceando en ese océano de libros, en busca de alguna ganga que llevarme para España.

jueves, 29 de julio de 2010

Las tías de la diabetes

La diabetes es una enfermedad generosa y familiar. No tiene cura, pero mira tanto por ti que te hace estar permanentemente a dieta, te suprime las grasas, el azúcar, las harinas, los bollos, el alcohol, te obliga a hacer deporte, y puede ser tan aburrida y agobiante como esas tías del pueblo que, como cuando eras pequeño, te cubrían de besos y pellizquitos mientras tú las mirabas con cara de “Y éstas, ¿quiénes son?”.

Esas, las tías de la diabetes, son como un conjunto de mujeres viejas, agrias y vestidas de negro, y cuyos nombres te suenan pero no reconoces: neuropatía, nefropatía, retinopatía, cardiopatía, microangiopatía, dermopatía, etc. Uno las escucha y las mira con gesto de asombro, pero también de aburrimiento. Para mí, la diabetes es como uno de esos familiares pesados que van gastando chistes sin ton ni son. Yo me la imagino, despatarrada de la risa, repitiendo esa greguería de Gómez de la Serna: “Le decía siempre ‘Vida mía’ pero un día se equivocó y dijo: ‘Viuda mía’. Murió aquella noche”. Cosas así.

El caso es que aun siendo tan entrañable, es una enfermedad que no tiene solución. En los últimos años se han hecho algunos avances, como los trasplantes pancreáticos, las bombas de infusión de insulina, los implantes de insulina de cerdo o los trasplantes de los islotes de Langerhans, pero nada ha resultado definitivo. Ahora, en Venezuela, hay un grupo de médicos y cirujanos que están aplicando células madre en el tratamiento contra la diabetes y, por lo visto, los resultados son muy positivos.

Explicado burdamente, te extraen células madre con una punción en el esternón y te las reinyectan en el cuerpo, de manera que las células madre corren por todos los órganos a través del torrente sanguíneo y, en el caso de los diabéticos, esto hace que la acción se intensifique en el páncreas. Las mejoras son notables: reducción considerable de las dosis de insulina, mejora de los índices de glicemia, aceleración de las cicatrices y las úlceras en el pie (el famoso pie diabético), mejora en el funcionamiento renal, mejora en la visión, etc.

Desconozco cómo está el tema de la investigación con células madre en Venezuela, pero supongo que estará permitido. El tema es que Venezuela está a la vanguardia del estudio de la diabetes en la región y las conclusiones de estas investigaciones han sido presentadas recientemente en un congreso de Maracaibo donde han acudido miles de médicos de toda Latinoamérica. Veremos ahora cómo se lo toman las pesadas tías de la diabetes...

miércoles, 28 de julio de 2010

Busetas

La buseta es el medio de transporte más humilde para moverte por Caracas y es quizá uno de los más populares. Sólo hay que fijarse en las largas colas (una de las pasiones de los venezolanos) que hay en las paradas de autobuses. El billete de la buseta es de un bolívar y medio, unos 40 céntimos de euro al cambio oficial, caro si se compara con lo que vale llenar el depósito de un coche: 2 bolívares, unos 55 céntimos de euro aproximadamente.

Las busetas de Caracas son cajas desvencijadas con ruedas, chatarra en movimiento, pura carrocería caribeña, muchas de ellas tuneadas, otras son meras carcasas oxidadas con grandes costrones de pintura desconchada. Cuando subes a una, el calor es tan asfixiante que sólo entonces entiendes por qué siempre circulan con las puertas abiertas de par en par. Van siempre a rebosar, con gente agolpada en la puerta, aferrada a los barrotes, como en esas viejas fotos de los tranvías madrileños. Así he ido yo, ahí asomado, pero no hay peligro. El tráfico es tan denso que apenas la buseta se mueve un poco. Se paga al bajar, no al subir, y en sus lunetas siempre llevan unos carteles muy rudimentarios que te indican las paradas y el destino. Son algo así como poemas dadaístas: Chacao, Chacaíto, Sabana Grande, Lido, Hoyada, Bolívar, Silencio y Circo. Y lo rematan con otros cartelones, siempre muy coloridos, del tipo: Conductores criollos. Mi mamá me ama. Amo a mi mamá. Dios está en Venezuela.

El tema es que las busetas constituyen también el medio de transporte preferido de los malandros. Las cifras de violencia en ellas son aterradoras, sobre todo en las líneas periféricas de la ciudad, y prácticamente no hay día en que no haya un muerto en alguna de ellas. Sin ir más lejos, el otro día un adolescente de 15 años recibió ocho balazos en una buseta del barrio de La Culebrita, en el sector de La Vega. Las autoridades han empezado a plantearse poner cámaras, pagar por anticipado mediante abonos trasporte e, incluso, meter a la Guardia Nacional en las busetas, pero son tan pequeñas que realmente no sé cómo lo van a hacer. A esto último, por cierto, los usuarios se han opuesto, ¿por qué será?

martes, 27 de julio de 2010

Comer piedras

Sí, sí, lo que se ve en los telediarios de todo el mundo es lo que está pasando. Chávez tiene las hormonas revolucionadas y, en su empeño de compararse con Bolívar, lo único que le queda ya es meterse en una guerra para mostrar al mundo la talla de su poderío militar y su valía como estratega en el campo de batalla.

Las cosas son más o menos así: el hasta ahora Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, es el centro de las iras y del rencor atávico de Chávez, quien ve en él la encarnación maléfica de los valores de la derecha oligárquica y latinoamericana, alineada para más inri con los Estados Unidos. Esto ha hecho que rompiera relaciones comerciales con él en junio del año pasado, poniendo como excusa la presencia de los norteamericanos en las bases colombianas cercanas a la frontera de Venezuela.

Uribe dejará su cargo el próximo 7 de agosto, momento en que lo tomará su sucesor Juan Manuel Santos. Como desde un punto de vista diplomático, Chávez no puede enconarse todavía con quien no ejerce el poder y, como es lógico, tendría que esperar a ver cómo se desarrollan las nuevas relaciones entre ambos países (Santos ya ha declarado varias veces que quiere limar las tensiones con Venezuela y retomar la senda de la normalidad institucional), todo apunta a que Huguito quiere liarse a tiros con Uribe, antes de que abandone el cargo.

La tensión ha aumentado en los últimos días, después de que el embajador colombiano denunciase ante la Organización de Estados Americanos la presencia de guerrilleros de las FARC en Venezuela. De inmediato, Chávez (que estaba en un acto con Maradona en Caracas) rompió todas las relaciones con el país vecino y, en estos últimos días, no se ha cansado de repetir una y mil veces, con tono apocalíptico, que “vienen días muy peligrosos”. Además, ha cancelado todos los viajes institucionales previstos para esta semana “a causa de la probabilidad de una agresión armada en contra de Venezuela”.

Anteayer, Chávez aprovechó su aparición televisiva dominical para amenazar, ya de paso, con suspender el envío de petróleo a Estados Unidos, recriminar a los militantes del PSUV (su partido) que critiquen la revolución que él lidera y amenazar a “la oposición apátrida y lacaya que, en caso de un conflicto armado, no van a pasar agachados, que no crean que ellos se van a quedar tranquilitos si el imperio yanki, utilizando a sus lacayos del Gobierno de Colombia nos agreden. Aquí tomaríamos medidas internas para salvaguardar la soberanía de tanto lacayo vendepatria que tenemos en ONG, en alcaldías, en gobernaciones y en medios de comunicación. La defensa de la soberanía popular se asumirá, aunque eso signifique comer piedras”.

lunes, 26 de julio de 2010

La casa de los espíritus

Parece ser que estos días hay en Chile una serie de personalidades que están postulando a Isabel Allende como merecedora del Premio Nacional de Literatura de su país. Curiosamente, Allende vivió en Venezuela durante más de trece años y, al hilo de esta noticia, han surgido voces en Caracas que recuerdan “el desagravio y la altanería” de la escritora, quien por lo visto nunca nombra ni hace referencia al país que la acogiera cuando salió de Chile en 1973, después del golpe de estado con que Pinochet derrocó el gobierno de su tío, Salvador Allende.

La vida de Isabel Allende es una de esas vidas itinerantes y nómadas, que ha transcurrido en sitios tan dispares como Perú, Bolivia, Líbano, Chile, Venezuela, Estados Unidos y España. En Venezuela, pasó trece años de su vida, con su familia, viviendo en un apartamento de Caracas donde se buscaba la vida como podía, dando clases aquí y allá, e intentando escribir en los periódicos de la capital. Como periodista, por lo visto, no era muy buena, y así se lo hizo saber Pablo Neruda cuando una vez, trabajando para una revista femenina, fue a entrevistarlo a su casa, y éste le dijo que jamás se dejaría entrevistar por una periodista tan mala. Neruda le dijo: “usted es mala periodista porque no es objetiva, dedíquese a la literatura”.

Pero no fue hasta que estuvo residiendo en Caracas cuando Isabel Allende encontró su camino. Fue a raíz de la enfermedad de su abuelo de 99 años. El anciano hombre estaba ya muriéndose y esa situación inspiró a Allende una larga carta que acabó convirtiéndose, a medida que la iba escribiendo, en La casa de los espíritus, su famoso best-seller. En 1982 consiguió publicarla en Plaza y Janés, y poco después salió de Venezuela para no regresar nunca más y, por lo visto, para no citarla nunca más.

viernes, 23 de julio de 2010

El buen gourmet

Como aquí es muy difícil ir a comprar y conseguir todo lo que necesitas en una misma tienda, lo habitual es que tengas que peregrinar de sitio en sitio para hacerte con lo que quieres. Cuando no encontramos lo que necesitamos, siempre acabamos recurriendo a El buen gourmet, un colmado que tenemos cerca de casa y que, casi con toda seguridad, tiene aquello que andas buscando (pero no siempre).

Lo mejor de El buen gourmet es el nombre y, aunque es más caro que el resto de los sitios, poco o nada tiene de delicatessen como pudiera inducir a pensar. Está regentado por un portugués de Madeira y un venezolano de orígenes inciertos.

El portugués, al que le faltan varios dientes –y los que le quedan están revestidos de una gruesa capa de sarro–, tiene una calva que intenta disimular con un mechón que le cruza de lado a lado y que, por las pintas, debe lavárselo una vez a la semana, y su acento es tan oscuro que apenas entendemos algo de lo que nos dice. Cuando te vende los paquetes de tabaco a un precio mayor al que marca la cajetilla y tú se lo comentas, se pone unas gafas de farmacia y farfulla una serie de ruidos guturales mientras agita las manos al viento en un claro gesto de incomprensión. Nosotros le decimos que sí, pero que nos cobre el precio que está marcado. Si le compras un paquete de pilas, por ejemplo, es probable que te duren solo un día. Cuando se lo dejas caer, se echa las manos a la cabeza y se pone a mascullar las palabras sin quitarse el cigarrillo de la boca y desaparece en la parte trasera del colmado.

Este portugués es todo un personaje. Critica duramente a Venezuela y a su gobierno, habla con nostalgia de su patria olvidada (vino aquí hace cuarenta años) y podríamos decir que trabaja más bien poco. Su tienda es, en puridad, una licorería pero tiene también remesas de patatas, generalmente esturreadas por el suelo, cocos y mangos que recogen de los árboles cercanos y venden a precios económicos, trozos de carne revenida que hacen las delicias de los moscardones que pululan alegremente por el escaparate, tiene incluso un par de máquinas tragaperras al fondo de la tienda, en un recodo oscuro y clandestino, donde los jugadores echan las monedas mientras beben botellas y botellas de Solera.

El día de la final del Mundial, que cayó en domingo, un amigo que vive también aquí al lado compró un montón de Soleras en El buen gourmet para ver el partido. Ese día el portugués se debió hinchar a vender cervezas y whiskys. Pero resulta que aquí los domingos está prohibido vender alcohol y las autoridades le cerraron la tienda durante toda la semana. Cada vez que yo pasaba por delante de ella, le veía ahí sentado, con el cierre echado, hablando alegremente con todos los vecinos. Sospecho que si alguien le pedía algo, lo sacaba por la puerta trasera con sumo gusto. Lo cierto es que no tenía mucha cara de preocupación.

Este domingo pasado, cuando reabrió, fuimos a comprar y mientras esperábamos nuestro turno, el portugués no paraba de despachar Soleras y Polares, las dos cervezas de aquí. Al fondo, en las dos máquinas tragaperras, un jugador bebía sin parar. Pero al portugués no parecía importarle que pudieran cerrarle de nuevo el local. Cuando le compramos el tabaco, esta vez nos dijo entre risas, mostrándonos las ausencias de su boca: “Este ya viene marcado a 18 bolos. Soy legal, eh”. O eso, al menos, creimos entenderle.

jueves, 22 de julio de 2010

Ven a mí que tengo flor

Como uno de esos culebrones venezolanos de tiras y aflojas, dimes y diretes, encuentros y desencuentros apasionados y turbulentos, así se está viviendo la lucha personal que mantiene Chávez con el canal televisivo Globovisión de Guillermo Zuloaga.

La trama es intrincada pero se puede resumir así, según la lógica revolucionaria: Nelson Mezerhane, dueño del intervenido Banco Federal, posee el 28,5% de Globovisión, pero como esta entidad ha sido intervenida (ver post "Banco Federal"), esas acciones pasan, de facto, a ser propiedad del Estado. Si a esto se le suma otro 20% que estaba en manos de otro accionista que acaba de morir y cuyas acciones no son heredables para los familiares sino para la revolución, nos encontramos con un axioma que ayer Chávez anunció eufóricamente, con la clarividencia propia de los iluminados: “el Estado podrá ser propietario del 45,8% de las acciones de Globovisión" y, por lo tanto, se incorporarán dos periodistas oficiales a la junta directiva en representación del Ejecutivo. Y añadió: “no estamos expropiando, nos estamos incorporando al negocio. Mezerhane tiene una empresa intervenida y el otro señor recibió un 20% y luego lamentablemente falleció… Bueno, ven a mí que tengo flor”.

Mientras tanto, Guillermo Zuloaga y su hijo están en busca y captura, fugados probablemente en algún país del continente, a la espera de poder regresar a Venezuela. Lo mismo cuando lleguen se encuentran con el Presidente dirigiendo también la junta directiva de Globovisión.