
Como cada domingo fuimos a desayunar al mismo sitio de siempre, hicimos compras, paseamos por las calles calurosas de Chacao, y pese a lo que nos advirtieron todo fue con absoluta normalidad y tranquilidad. Eso sí, a las cuatro de la madrugada, los seguidores del chavismo se dedicaron a tirar tracas de petardos y cohetes ruidosísimos para despertar a la gente como si fueran toques de diana. Era el llamado a la participación, como dicen aquí. Una hora después Chávez estaba enviando mensajes incendiarios a través de Twitter. Las mesas electorales abrieron a las seis de la mañana y los primeros ancianos hacían colas para pasar por el tortuoso camino de la votación. Se calculaba en seis los minutos que tarda en votar un elector: identificación y acreditación, captación de huella dactilar, selección de los candidatos en las distintas urnas, votación y, finalmente, inmersión del dedo en la tinta indeleble.

Las urnas se cerraron a las seis. Nosotros para no perder las buenas costumbres salimos a cenar a uno de nuestros sitios favoritos, en espera de los resultados finales de estas curiosas elecciones.
Ósea que a las advertencias de vuestros vecinos ni caso
ResponderEliminarAquí en España lo que se dice es que va un muerto y varias amenazas de grupos chavistas a votantes y rompen la tranquilidad de la jornada electoral.
Y que paso con Gustavo Aristegui
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Pues al final salimos a cenar pero estaba la ciudad desierta y todo cerrado. Tuvimos que volver a casa...
ResponderEliminarLo de Arístegui al final no le retiraron el acta de observador y pudo seguir las elecciones. Supongo que mañana contará cómo vivió todo y qué es lo que pasó realmente.
Abrazos!