lunes, 8 de noviembre de 2010

Los Roques

Estuvimos unos días en Los Roques, el verdadero paraíso caribeño de Venezuela. Enclavado a más de 160 km de la costa venezolana, la llegada al archipiélago es espectacular: desde la avioneta se contemplan ya las increíbles playas paradisíacas, con sus aguas azul turquesa y sus orillas de arena blanca, las palmeras aguerridas y los cayos y los médanos silenciosos, repletos de tortugas, estrellas de mar, langostas y moluscos.

No sabría definir muy bien cuál es el tipo de turismo que se hace en Los Roques: está claro que para los venezolanos es un destino caro y exclusivo, pero en realidad (para un turista extranjero) no lo es, por cuanto los servicios y las posibilidades que ofrece la isla son muy limitados, pero no por ello menos encantadores. Es una verdadera delicia alojarte en la posada atendida generalmente por italianos (la nuestra, Albacora, estaba regentada por una familia muy peculiar de Milán), desayunar y cenar en sus agradables terrazas o porches, pasear por las calles sin asfaltar de la isla, ver a todos sus habitantes caminar descalzos, despreocupados, haciendo sus vidas al margen del mundanal ruido: jugando a un curioso bingo compuesto de dibujos en vez de números o dándole al deporte nacional, el béisbol. El día a día de la isla para un visitante es muy sencillo: llegas a la posada, el posadero te prepara una cava (una nevera) con comida y aperitivo para pasar el día en alguno de los cayos cercanos, luego vas al muelle, tomas una embarcación a motor y te trasladan al islote que tú elijas, siempre dependiendo de los pronósticos del tiempo: Madrizquí, Francisquí, Noronsquí, Crasquí, Cayo del Agua, etc. Una vez que te dejan allí, las opciones son: tumbarse al sol, bañarte en sus increíbles y templadas aguas azul celeste, hacer snorkel, bucear o recibir clases de kite-surfing. Pasas el día entero en el cayo y, al regreso, ya al anochecer, lo mejor es irte a alguna de las terrazas medio hippies que hay en la playa a tomarte algo mientras observas la espectacular puesta de sol y esperas, sin prisa y con toda la calma del mundo, a que preparen la cena para, después, irte a dormir.Claro que no todo fue tan idílico: el último día nos tocó vivir los coletazos del huracán Thomas y la travesía desde Francisquí hasta el Gran Roque fue de película de terror: estábamos en un cayo donde la única construcción “firme” era un chiringuito de madera que temblaba con cada golpe de viento; vinieron a buscarnos en una lancha en la que no había chalecos salvavidas para todos y, cuando salimos hacia el Gran Roque, el temporal nos cogió en mitad del mar; la lluvia caía a ráfagas laterales, violentamente, y las olas (en un sitio donde casi nunca las hay) alcanzaron los dos metros. No pudimos llegar al muelle, así que nos dejaron en la otra punta de la isla, junto a la pista del aeropuerto y tuvimos que caminar más de veinte minutos (no porque la posada estuviera lejos, sino porque el viento no nos dejaba avanzar) hasta llegar, totalmente empapados, a nuestra posada. Para colmo, cuando llegamos no había luz ni agua caliente, pero menos mal que el posadero tenía un generador independiente y pudimos ducharnos sin problemas. Pasamos el resto del día en la posada, viendo el partido del Inter de Milán, tomando cafés y leyendo repanchingados en la chaise-longue de la terraza.

4 comentarios:

  1. Quitando lo del huracán, ¡Que envidia!

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    1. EN ESA ZONA NO EXISTEN LOS HURACANES, SOLO ALGO DE LLUVIA CON RAFAGA DE VIENTO Y MAS NADA, EN VZLA JAMA HABIDO UN HURACAN SOLO MUCHA LLUVIA

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  2. hasta la lluvia la disfrutaría, sin duda que sí

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  3. hola soy de ecuador y estoy interesada en ir a los roques pero no logro encontrar información de como llegar desde caracas hasta ahí... podrías ayudarme?

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