lunes, 5 de julio de 2010

Motorizados

Probablemente Caracas tenga uno de los tráficos más caóticos del mundo. A falta de señales verticales y semáforos (que cuando los hay son meramente simbólicos), es la única ciudad que yo conozco en la que los peatones tienen que ceder el paso a los coches. Si, parado en un paso de cebra, osas adelantar un pie o amagar con cruzar, como hacemos los europeos con la solvencia que te da saber que los coches se pararán ante tu mera presencia, aquí corres el serio riesgo de ser arrollado sin contemplaciones, y hasta es posible que los coches que vengan detrás, por solidaridad con el primero, te rematen a placer.

Pero de entre toda la fauna que puebla las calles y carreteras de Caracas, los motorizados son los que se llevan la palma. Yo distingo al menos tres tipos: los motorizados siniestros, los familiares y los mototaxis.
Los primeros son los más numerosos, es el parque mayoritario, y todos van iguales: a lomos de sus Suzukis de 125 (que ellos equiparan, en su imaginario particular, a las todopoderosas Harleys), van engalanados con cascos negros, lo que en España llamaríamos quitamultas, que les dan un aire como de militar alemán de la primera guerra mundial, lucen gafas oscuras de macarras y, en el mejor de los casos, chupas de cuero negra, sin ningún tipo de protección o refuerzo.

Los motorizados familiares, sin embargo, son los más entrañables. Va toda la familia subida en la moto, generalmente sin casco, el padre conduciendo, la madre atrás y el niño o niña ensartado en el medio, para que no se caiga. Si hay más de un vástago, pues más apiñaditos van. El alarde creativo y la capacidad de encajarse como piezas de un puzzle imposible no tienen límites. Una vez, en plena autopista, vimos una familia completa: padre, madre, niño y perro incluido, un simpático cocker que llevaba las orejas al viento y que nos miraba con cierta complacencia. Este grupo no suele llevar casco y si lo lleva suele ser de esos que nosotros utilizamos para montar en bici.

Y, por último, están los mototaxis. Los encuentras en cualquier sitio, gritando a voz en cuello: “Moto, moto, mototaxi”. Son los amos de la carretera. Te llevan a cualquier lado de Caracas a la velocidad del rayo, tocan el pito constantemente para que les cedan el paso, se suben por las aceras, toman calles en dirección prohibida, carriles de la autopista en sentido contrario, arcenes, etc. Al parrillero, que es el “paquete”, esto es, el cliente, le dejan un casquito bastante usado, nada higiénico, tipo general Rommel en las campañas del Áfrika Korps, pero está tan guarro que si te lo pones es probable que pierdas el pelo.

Debido al caótico tráfico de la ciudad y a los constantes embotellamientos, una normativa autorizó a las motos hace unos años a apropiarse de las carreteras y las calles de Caracas. Los carros deben cederles el paso, y pobre de ti como no lo hagas, son capaces de bajarse en manada y darte tu merecido por ser tan poco civilizado.

4 comentarios:

  1. Pues allí nuestra guardia civil de tráfico se pondría las botas jejeje
    S.V.S

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  2. Qué bueno es leerte. Espero poder verte la próxima vez que vengáis por aquí.Sesostris.

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  3. Con ese entrenamiento,es raro que no tengan pilotos profesionales. Bueno, supongo que ninguno vive lo suficiente...

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  4. Cuenta con ello, Sesostris. Cuando vayamos para allá te llamo y nos vemos. Un besazo enorme.

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